La escultora Carmen Dardalla transita el camino más duro
De profesión, picapedrera. Así se define la escultora Carmen Dardalla, y
enseguida abunda en expresiones que dan cuenta de su romance con la piedra: "La
adoro. Ella me eligió. Es muy dura e inhóspita, salvo que uno la quiera. Si uno
la quiere, le permite entrar".
Hija de un diplomático, Dardalla se
convirtió en un crisol de culturas e idiomas, claro resultado de su paso por
ciudades como Madrid, Moscú, Caracas y París, donde estudió arquitectura,
dirigió el taller de plástica de l’Etang la Ville y hasta fue guía del Museo del
Louvre.
Con los años se dio cuenta de que, ante todo, prefería la
escultura y cuando encontró un maestro, se dedicó a uno de los oficios más
áridos, que es el de los pasadores o artesanos anónimos que llevan a la piedra
las formas que los artistas encuentran en materiales más dúctiles. "Hay
muchísimos escultores que no saben esculpir, y entonces recurren a los
pasadores. Un ejemplo, nada más: a Rodin le pasaba sus obras su novia Camille
Claudel", cuenta Dardalla.
Picar requiere fuerza y paciencia. Así, Ramón
Castejón –su maestro– le enseñó durante cuatro años la manera precisa en la que
había que dialogar con el material: "Hay que tenerle respeto y amor, porque es
dura y frágil a la vez, me decía".
La obra escultórica de Dardalla está
realizada básicamente en mármol y piedra, aunque también utiliza otros
materiales. Muchas de ellas estuvieron expuestas durante diciembre en el Faena
Hotel & Universe.
Como una escultura en piedra promedia los 300
kilogramos, es cosa común y corriente que la actividad gane más adeptos entre
los hombres. "Hay mujeres picapedreras, pero son muy pocas. La más grande, Lola
Mora", apunta.
Hace un año un accidente la alejó de esta pasión, pero en
marzo llegará su reencuentro cuando aterrice en Aragón, la tierra de su abuela,
para lidiar –con gusto, eso sí– con el alabastro, una piedra que, si se la
compara con el mármol de Carrara, para Dardalla "es una mantequita".
Pero su trabajo no se centra en lo forzado: la escultora se especializa
en la creación de esculturas utilitarias en bronce, plata y piedra. Buscándole
una veta comercial a tan paleolítico arte, también se encarga de realizar
diseños exclusivos para empresas e instituciones como Diners, Vida Silvestre,
Casa FOA y Audi.
También es diseñadora de premios (como Bravo, de Warner
Music; FundTV; La Mujer y el Cine; Criador de Caballos del Comité Hípico
Nacional) y, a pedido de Cancillería, obras para regalar a presidentes y
personalidades extranjeras; entre otras, el hombre sujetando un globo terráqueo
que hizo para Mikhail Gorbachov y las manos sujetadas para Lech Walesa.
Muy difundida, además, es su colección de objetos en bronce y plata, en
la que ángeles y figuras humanas adornan copas, candelabros, fuentones, centros
de mesa y baldes de champagne.
Y este año apareció en su taller una
nueva ocupación: desde su página Web ( http://www.carmendardalla.com/ ) le llegaron pedidos de bustos y
estatuas, y les hizo caso. Hace muy poco le dio el toque final a la cara de una
mujer española que quería verse reproducida en bronce. También le pidieron
presupuesto para una estatua de tamaño natural, en bronce y mármol. "La
escultura da para todo", reflexiona Dardalla.
María Paula Zacharías
| Miembro IAB.Internet Advertising Bureau |